Se busca oposición (segunda llamada)

Se busca oposición (segunda llamada)

El 2 de julio pasado, después de conocer el resultado electoral escribí una columna titulada “Se busca oposición”. El llamado sigue siendo válido y cada vez más urgente. No, como piensan algunos, para obstaculizar al nuevo gobierno, sino simplemente para equilibrar: los gobiernos sin oposición se equivocan más.

De los partidos que conformaron nuestro espectro político los últimos 25 años podemos esperar poco: están hechos añicos, y lo que viene es todavía peor. Los Calderón, en una declaración que algunos ven como chantaje y otros como promesa, amenazan con salirse del PAN y formar otro partido si no gana su candidato, Manuel Gómez Morín. El PRI se desbarata en los estados para engrosar las filas de Morena y el PRD muere de inanición. De los nuevos partidos ninguno tiene la presencia nacional para hacer contrapeso.

No serán pues los partidos quienes lideren la oposición en este país sino los organismos de sociedad civil, y un primer atisbo son los aglutinados en el movimiento 11-11-11. Fifís, fresas, empresarios, como sea, la marcha del domingo es la única manifestación de oposición que se vislumbra en este momento. Independientemente de que estemos o no de acuerdo en sus planteamientos, la marcha 11-11-11 es el primer intento por generar un equilibrio frente a un proyecto de nación que, más allá de sus bondades y defectos (tiene mucho de ambos) su peor falla es que es único: no hay diálogo, no hay debate ni contrapesos.

El gran reto de este movimiento, marcadamente pero no solo empresarial, es convertirse en interlocutor en medio de un ambiente de crispación. López Obrador, como buen político tratara de minimizarla: si son muy pocos siendo condescendientemente; si son muchos -más de 50 mil- descalificándola; si son muchísimos -arriba de cien mil- polarizando. El reto de los organizadores de la marcha es hacer sentir fuerza sin romper el diálogo y los canales con el próximo gobierno.

Desde los estados solo dos gobernadores parecen tener la voluntad y la fuerza para ser, sino contrapesos, sí al menos voces disonantes: Javier Corral en Chihuahua y Enrique Alfaro que tomará posesión del gobierno de Jalisco el 5 de diciembre. Ellos podrían liderar movimientos regionales, el primero en el norte el segundo en el centro-occidente, pero no tienen apoyo suficiente en la Cámaras ni partidos sólidos que les respalden.

El tercero son los medios, los llamados tradicionales y las “benditas redes”. Muchos medios tradicionales van a sufrir con la nueva política de comunicación. Si, como ha prometido, López Obrador reduce al mínimo el presupuesto para medios, no pocos van a desaparecer, pero los que queden serán más libres para ejercer lo que debe ser su papel en una sociedad democrática: un contrapoder.

Por más compleja e incómoda que pueda ser, la pluralidad es siempre mejor que el pensamiento único. Se busca oposición (segunda llamada).

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