Recuerdan en Tel Aviv el magnicidio de Isaac Rabin 23 años después

Recuerdan en Tel Aviv el magnicidio de Isaac Rabin 23 años después

La manifestación en recuerdo del primer ministro Isaac Rabin en el vigesimotercer aniversario de su asesinato congregó hoy a miles de israelíes bajo el eslogan “Firmes frente a la división y la incitación”, con protestas del público cuando políticos de centro y derecha tomaron la palabra.

El líder del Partido Laborista, Avi Gabay, dijo a los muchos jóvenes presentes en la manifestación que él creció con el político Rabin y lamentó que ellos no: “Rabin eligió la paz y luchó contra Hamás. Netanyahu desistió de la paz y se rindió a Hamás”, acusó al actual primer ministro.

“Estamos hartos de la política del odio entre hermanos, y hartos de la campaña de intimidación. Hemos acumulado incitación contra la policía, el presidente, los medios de comunicación, los tribunales”, dijo en medio de aplausos, en una crítica al Gobierno.

También habló la jefa de la oposición, Tzipi Livni, exministra de Exteriores y Justicia y líder de Campo Sionista.

“La historia se repite. Solo hace falta leer los posts del primer ministro (Benjamín Netanyahu), ver sus vídeos, escuchar sus discursos y violentas respuestas, que culpan a todo el que no piensa como él. Pero quien trabaja por la paz no es un traidor, ni antes ni ahora”, declaró.

La secretaria general del partido de izquierda Meretz, Tamar Zandberg, que no había sido invitado a participar en el acto pero a última hora logró imponerse, enfatizó, como Gabay y Livni, que el asesinato de Rabin fue un asesinato político y también criticó al jefe del Ejecutivo.

“En 1995, cuando Netanyahu se subió a la ola de la incitación, pensó que tal vez podría controlarla, pero hoy la ha convertido en el arma central para mantener el campo de la paz sumiso y controlado”, dijo Zandberg.

Cuando le tocó el turno a hablar al líder del partido centrista Yesh Atid (Hay Futuro, en hebreo), Yair Lapid, parte del público trató de impedírselo con pitadas y gritos.

Y cuando subió al podio el ministro de Cooperación Regional, Tsaji Hanegbi, del derechista Likud, partido gobernante que encabeza Netanyahu, no se pudo escuchar su discurso por las pitadas y sirenas de simpatizantes y militantes de Meretz y del movimiento que organiza una manifestación semanal contra el primer ministro desde hace meses y reclama sea juzgado en los casos en que es sospechoso de corrupción.

La Plaza de Rabin, bautizada así tras el magnicidio sucedido allí -antes se llamaba Plaza de los Reyes- congregó según los organizadores a unos 85.000 asistentes, con pancartas con eslóganes como “Rabin fue asesinado, la democracia todavía no” o “Nosotros recordamos, ¿y vosotros?”.

Shlomit Levi, residente en Pardes Jana, en el norte del país, que acudió para participar en la protesta, dijo a Efe que hoy “es un día muy triste, no solo por el recuerdo de Rabin sino por la constatación de que nuestros políticos no han aprendido nada”.

“Siguen incitando, son peligrosos”, aseguró.

Rabin fue comandante del Ejército israelí responsable de la victoria militar en la Guerra de los Seis Días, de 1967, en la que Israel ocupó los territorios de Cisjordania, Gaza y Jerusalén Este, además de la península del Sinaí (Egipto) y los Altos del Golán (Siria).

Y fue también quien 26 años después inició conversaciones directas con los palestinos que llevaron a los Acuerdos de Oslo de 1993 y 1995, y quien acuñó el término “paz por territorios”, cuyo objetivo era lograr fronteras seguras para Israel a cambio de devolver algunos de los territorios ocupados durante las contiendas, tanto a palestinos como a sirios y jordanos.

En los meses que precedieron al asesinato era frecuente oír a políticos y a manifestantes referirse a Rabin como “traidor”, denunciar su “capitulación frente al terrorista (Yaser) Arafat”, y se veían efigies del mandatario con el uniforme de las SS nazis en protestas y telediarios.

En su último discurso, en esta misma plaza, Rabin dijo: “La violencia socava la democracia israelí. Hay que condenarla, expulsarla, aislarla. ¡La violencia no es el camino de Israel!”.

Después, cantó por la paz, bajó las escaleras y fue entonces cuando su asesino, Ygal Amir, dejó pasar al ministro de Exteriores, Simón Péres, y disparó contra Rabin.

Veintitrés años después, muchos israelíes no han superado el trauma del magnicidio y ven en el discurso político del Gobierno actual incitación a la violencia del mismo tipo que llevó a Amir a cometer el crimen.

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