Prensa enemiga

Prensa enemiga

onald Trump ha dicho que la prensa que lo cuestiona, aquella que según él miente para afectarlo, o sea, toda menos Fox News, es el “verdadero enemigo del pueblo”. Jair Bolsonaro, el ultraderechista presidente electo de Brasil, ha cuestionado a la prensa que dice que quiere perjudicarlo y ha señalado que Folha de São Paulo, el principal periódico del país, “se acabó”, porque le aplicará un boicot de publicidad gubernamental. Andrés Manuel López Obrador usa el término “prensa fifí” porque afirma que los escritores y columnistas que lo critican tienen un pensamiento conservador y proceden de la prensa servil del régimen porfirista; “se los voy a seguir diciendo porque son herederos de este pensamiento y proceder”.

“La prensa es la artillería de la libertad”.

Hans-Dietrich Genscher

Las diferencias entre la prensa y los gobernantes son no solo naturales sino sanas. Los medios de comunicación tienen la obligación de ofrecer una visión crítica de cualquier gobierno. Cuando se pierde esa distancia, la crítica se convierte en complicidad y la prensa pierde su razón de ser. Los reporteros y los políticos necesitan convivir y dependen unos de otros, pero la convivencia es siempre incómoda. “Ya sé que no aplauden” dijo un molesto Enrique Peña Nieto, cuando pensaba que nadie lo escuchaba, en 2015, ante los reporteros de Los Pinos que, efectivamente, no aplauden ante los discursos de los mandatarios.

Los gobiernos en México han mantenido por un lado un discurso de respeto al derecho a la libertad de expresión, incluso con celebraciones en fechas conmemorativas, pero lo han acompañado de políticas destinadas a premiar a algunos medios que consideran favorables y a castigar a los que ven como críticos. Una nueva Ley de Comunicación Social promulgada este año obligaría a los medios a inscribirse en un padrón para recibir publicidad oficial, pero deja todavía, a ojo de muchos, una excesiva discrecionalidad en la forma en que se pueden usar los presupuestos de promoción del Estado. El presidente electo López Obrador ha anunciado que reducirá a la mitad los presupuestos de publicidad oficial, pero no ha señalado que piense hacer cambios a los criterios con los que se aplican estos recursos.

En Estados Unidos los gobiernos gastan muy poco en publicidad oficial, por lo que el tema no ha sido materia de debate. La libertad de prensa, sin embargo, es un derecho valorado por la ley y por la tradición política del país. La primera enmienda a la Constitución estadounidense establece que “El Congreso no hará leyes. que restrinjan la libertad de expresión o de prensa”, lo cual ha sido uno de los pilares fundamentales de toda la estructura política y jurídica del país.

Muchos presidentes de los Estados Unidos y de México se han sentido molestos con la cobertura de los medios o los comentarios de los editorialistas, pero muy rara vez han abandonado el discurso oficial de defensa del derecho a la libertad de prensa. Un caso notable fue el de José López Portillo quien dijo, como el Bolsonaro del Brasil de hoy, “No pago para que me peguen”. Los ataques constantes de Trump a los medios de fake news o los de López Obrador a la prensa fifí son inusitados y preocupantes.

Estamos viviendo tiempos complicados para la libertad de prensa. Los tres países más populosos de América tendrán pronto gobernantes populistas que han expresado su incomodidad ante la crítica. El que un gobernante exprese sus puntos de vista, y descalifique a quienes piensan diferente, no debería causar preocupación, pero el temor es que suframos nuevos períodos de censura y represión.


Pegar a mercados

Parece que los legisladores de Morena querían empezar el sexenio golpeando a los mercados nacionales. La iniciativa para restringir las comisiones bancarias tiró ayer las acciones de la BMV.

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Fuente: Prensa enemiga