Maquiavelo y Salinas

Maquiavelo y Salinas

Hace días fui invitado a una ponencia a la que por compromisos laborales no me fue posible asistir. Desde un principio supe que lo ahí vertido iba a generar turbulencia y nerviosismo tanto en el círculo rojo de la opinión pública como en la arena política nacional. No me equivoqué.

En el marco del 500 aniversario de la aparición del tratado “El Príncipe” de Nicolás Maquiavelo, el Instituto Mexicano Para la Justicia que preside el jurista Juan Araujo, tuvo a bien convocar al encuentro “Realismo e Idealismo en Maquiavelo”.

Participaron como ponentes el doctor Mauricio Voroli, politólogo e historiador de la Universidad de Priceton, Luiggi Maccotta, embajador de Italia en México y el propio Araujo en su calidad de presidente de dicho instituto. Pero, sin duda, el plato fuerte fue cortesía del cuarto panelista y ave de tempestades: Carlos Salinas de Gortari, ex presidente de México.

“Estamos ante un momento maquiavélico porque la República está ante un gran riesgo, el de renacer o desaparecer”, trascendió que había dicho el propio Salinas durante el evento, cosa que luego salió a desmentir afirmando que sus palabras fueron sacadas de contexto.

Lo que sí asentó el ex mandatario al citar a Maquiavelo fue que “quien se prepara para gobernar, tiene que prepararse para el golpe inesperado”. De inmediato, algunos analistas interpretaron dichas frases como una amenaza directa al futuro gobierno de Andrés Manuel López Obrador, algo que también dista de ser cierto.

Estoy consciente del grado de pasión y encono que genera su figura y legado histórico, pero en algo en lo que creo todos coincidimos es que Carlos Salinas es pavorosamente brillante y posee un colmillo y oficio político que muy pocos tienen. Además, suponer que un hombre tan experimentado se atrevería a lanzar amenazas abiertas al próximo presidente de la República es vivir en el error. No hay tal cosa y además ello equivaldría a ignorar todas y cada una de las máximas de Maquiavelo.

En realidad, no muchos se tomaron la molestia de atender la totalidad de lo que se dijo en la conferencia y, para variar, cada quien entendimos lo que quisimos a partir de nuestro afecto o aberración, miedo o simpatía hacia el ex presidente.

Algunos afirman que como Salinas tiene múltiples intereses en la construcción del nuevo Aeropuerto, la cancelación del proyecto de Texcoco lo trae de mal humor y por eso decidió participar como ponente y romper un supuesto pacto de no agresión suscrito con el próximo Gobierno. Otros por ahí me dijeron que Salinas vuelve al exilio, que andará fuera para darle margen de maniobra a los que llegan y quiso, a modo de despedida, concluir su estadía en México con un evento de relumbrón que cimbrara a la República. Tampoco es para tanto.

Cuando Salinas, citando a Maquiavelo, habló de golpes inesperados, sin duda hacía referencia al término de su sexenio, concretamente a 1994, al tiempo que advirtió de los peligros a los que está expuesto todo presidente y Gobierno.

El propio Andrés Manuel López Obrador quiso conocer lo comentado por Salinas y pidió a su equipo una copia de la charla, sin embargo, públicamente no le dio mayor importancia ocupado como está en otros asuntos.

Sí, de acuerdo, las contadas apariciones públicas de Carlos Salinas generalmente llevan “jiribilla” y tratar de leer entre líneas al ex presidente se ha convertido, desde hace más de dos décadas, en uno de los deportes favoritos de los mexicanos. También, intentar desentrañar su grado de influencia en la política es otra costumbre nacional.

Quizá algunos no lo recuerden pero hacia 1995 en los semáforos y esquinas de la capital del país se vendían, además de dulces y otras golosinas, máscaras de Carlos Salinas de Gortari. Terminado su sexenio y aquél funesto 1994, Salinas pasó de ser el presidente que nos llevaría del primer mundo a convertirse en el villano favorito de los mexicanos. Desde entonces no logramos habitar en la justa medianía y con Salinas nos ocurre lo mismo que al hablar de Victoriano Huerta, Porfirio Díaz y otros personajes de nuestra historia.

En el ínter, creo que quizá también estemos exagerando la influencia de Carlos Salinas en la vida pública. Se llegó a hablar de que hasta al propio propio Peña Nieto mandaba y se le atribuye un control parecido al que ejerció Elías Calles durante El Maximato. Efectivamente Salinas es un hombre poderoso, temido y respetado dentro de los serpentarios políticos, pero de ahí a pensar que condujo los destinos del país existe un largo trecho.

Quizá, en lugar de tantas suposiciones, bien haríamos en leer y entender El Príncipe y no darle tantas lecturas a lo que diga o deje de decir Carlos Salinas. Sin embargo, he de admitir que me hubiera encantado atender la invitación porque el ex presidente logró algo que disfruta enormemente: atraer los reflectores y poner nervioso a más de uno. Lo mismo hacía El Príncipe de Maquiavelo, quien en Carlos Salinas tiene a un muy aventajado alumno. Eso que ni qué.

Twitter @patoloquasto

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Fuente: Maquiavelo y Salinas