Estados Unidos y el PAN

Estados Unidos y el PAN

Los Estados Unidos han tenido mucha suerte con los resultados obtenidos esta semana en las urnas. De una situación a la que muchos estaban resignados a que continuara la etapa en que la voluntad de una sola persona determinaba el curso de prácticamente todas las decisiones de importancia, el pasado miércoles amaneció renovada una relación más normal entre los poderes Ejecutivo y el Legislativo.

La elección del martes pasado por la que el partido demócrata rescató el predominio de la cámara de diputados tiene importancia en cuanto sirve desde el primer momento para atemperar las excentricidades y las prepotencias del presidente Trump.

La presencia de una mayoría de diputados del partido demócrata abre la compuerta para que vuelvan a fluir las fuerzas de oposición dentro del Congreso, que se habían asfixiado bajo el peso de la mayoría del partido republicano secuestrado por Donald Trump.

Lo sucedido en el Congreso en Wahington repuso el funcionamiento de los engranajes de la democracia en el vecino país. En México nos interesaba que hubieron estos contrapesos en Estados Unidos, pues estábamos expuestos a los caprichos y al racismo de Trump, sólo así tendríamos un diálogo sólido con ese gobierno. Véase, por ejemplo, las dificultades sembradas por las repentinas inconsistencias e interrupciones para llegar, después de más de un año, a un texto aceptable para la segunda versión del TLCAN, pedida por Trump y aún pendiente de aprobarse. Véase también la hostilidad hacia México, en lugar de ánimo de compartir esfuerzos, en el caso de la caravana de miles de centroamericanos que atraviesan todo lo largo de México para llegar a los Estados Unidos a una incierta suerte.

Con los éxitos electorales del partido demócrata se inicia el restablecimiento de los engranajes normales del equilibrio de poderes en los Estados Unidos. Para México, y más particularmente al presidente electo se le aligera el camino hacia un diálogo productivo. No sólo se trata de los asuntos de una siempre amplia agenda. El señor López Obrador introducirá ajustes al formato que correspondan a la “cuarta transformación” que será el estandarte de su sexenio.

Los contactos preliminares entre los presidentes de los dos países han logrado cierto tono cordial. Hay asuntos neurálgicos como el del famoso muro o el el trato en los Estados Unidos a nuestros cuidadanos.

Las personalidades del presidente electo de México y del presidente norteamericano son similares en cuanto comparten un profundo desprecio por las instituciones. Íntimamente convencido de que más dañan que benefician, prefieren dirigirse a grandes grupos cuya psicología conocen y saben manejar a la perfección. El peligro está en que al buscar el respaldo popular de esa manera, desprecian los mecanismos del aparato político diseñados desde hace años precisamente para encontrar consensos. Los asuntos pueden quedar a las resultas de lo que los presidentes quieran escoger. Lo bueno puede estar en que ambos mandatarios son artistas en presentar sus propuestas en la plaza pública. Lo malo está en que a veces se equivocan.

Un presidente innovador es de singular relevancia en estos días. En sus intenciones, modos y más recónditas intenciones personales puede esconderse la suerte de cientos y a veces de millones conciudadanos que sólo buscan mejorar su situación personal.

En vísperas del inicio formal de la presidencia de México se da también la inauguración del próximo presidente del PAN. Sea quien fuere, es indispensable que entienda el momento en que viven el país y el PAN. En el sexenio de AMLO se presentarán dilemas trascendentales para el partido que sin acartonados dogmatismos debe resolver por medio de una unidad partidista. La función del PAN es ser líder en la lucha por la democracia. El presidente nacional del Acción Nacional debe llevar al partido y a México a niveles políticos muy por encima de los que prevalecen ahora que asume su cargo.

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Fuente: Estados Unidos y el PAN