En la imaginaria

En la imaginaria

Gran conocedor del “rey de los deportes”, Andrés Manuel López Obrador se encuentra en la situación del beisbolista que espera turno para batear en el círculo de la angustia, la “imaginaria” donde se golpea al aire para ensayar el anhelado golpe a la pelota. En el diamante de los héroes, eso puede durar unos minutos; en la delirante política nacional, la antesala de los nervios abarca el tiempo suficiente para que el gobierno anterior se deshaga de las pruebas que lo inculpan.

Nunca una transición ha sido tan ruidosa como la que hemos vivido en estos meses. Esto se debe a lo mucho que se espera de un jugador respaldado por una insólita estadística y a las señales que desde antes de batear manda al graderío.

¿Cuál puede ser el alcance de la prometida “cuarta transformación” del país? Si la Reforma sirvió para separar al clero del Estado, el próximo gobierno podría separar los intereses económicos de los favores políticos. En México, una y otra vez, el éxito en los negocios ha dependido del tráfico de influencias y los compadrazgos de un sistema patrimonial que Octavio Paz bautizó en forma indeleble como el Ogro Filantrópico. Durante décadas, la clase empresarial recibió los beneficios combinados del socialismo y el capitalismo: control autoritario de la clase obrera, insumos y prebendas otorgados por el gobierno, exención de impuestos, incentivos al consumo, control discrecional de la competencia. No es casual que tengamos un país de monopolios y duopolios, y una creciente desigualdad social.

La relación entre el poder y el dinero es el principal caldo de cultivo de la corrupción. Hacer frente a este problema endémico es tan complejo como necesario. Durante su campaña, López Obrador apeló a un valor moral para lograr el cambio: la honestidad. Sin embargo, la “cuarta transformación” dependerá de algo más concreto y profundo: acabar con el contubernio entre el poder y un sector de la iniciativa privada.

La reciente discusión en torno al aeropuerto anuncia miras de largo alcance y manda un apremiante mensaje: el trato entre los empresarios y el poder será distinto. Sin embargo, la imprescindible modificación de una economía donde los intereses nacionales se subordinan al capital y donde sobran contratos amañados y falsas licitaciones, no puede depender de métodos tan inciertos como la consulta que se celebró hace unos días y que anticipa el paso del capitalismo institucional al reformismo caudillista.

Diego Valadés lo dice de este modo en la muy comentada entrevista que concedió a Proceso: “Si realmente se quiere independencia del poder político frente al poder económico, no es a partir de construir a un personaje que se enfrente a un sistema de poder económico, es construyendo todo un sistema institucional que le dé robustez a ese poder político. De otra manera, lo que intenta hacer se va a quedar en declaraciones y actitudes personales, no en cambios institucionales”.

Los deportes ofrecen una representación simbólica del mundo. El beisbol tiene la particularidad de abordar el destino en dos formas contrastadas. Cuando un jugador está al bat, se enfrenta en soledad al equipo contrario. En una entrada predomina el individualismo y en la siguiente el juego de conjunto. López Obrador se encuentra en la disyuntiva de asumirse como el cuarto bateador que resolverá por su cuenta todos los predicamentos o como el parador en corto que se apoyará en los demás para imponer justicia en las bases.

En la discusión del aeropuerto, el Congreso no desempeñó papel alguno ni se buscó el dictamen de expertos para un tema tan intrincado. Tampoco se tomó cabalmente en cuenta a las comunidades afectadas, según revela la inconformidad con la decisión de los habitantes de Santa Lucía.

Vimos un adelanto del personalísimo estilo de gobernar de López Obrador. Pero el consumado activista que llegó a la Presidencia aún no ejerce como estadista. Sigue en la imaginaria.

Por el bien de todos, conviene que se vea a sí mismo como un jugador de campo y no como el solitario vengador de los suyos.

En el México de los migrantes, aguardamos una jugada decisiva. El Mago Septién lo diría de esta manera: “Hay dos outs, tres bolas y dos strikes en la pizarra. ¡Último lanzamiento del partido! El estadio está a reventar, sólo queda una oportunidad, ¡y sigue llegando gente!”.

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Fuente: En la imaginaria